20 octubre 2007

Objetivo Birmania

Myanmar, la antigua Birmania, llamada así desde que la junta militar le cambió el nombre, es un país de 56 millones de habitantes, de los cuales más del 25% vive con menos de un dólar al día y en el que la gasolina ha subido de precio un 500% en un mes, pese a que el país tiene reservas de gas natural equivalentes a 600 millones de barriles. Hay escasez de electricidad incluso en muchas ciudades de tamaño mediano, con luz sólo unas horas al día. La Junta Militar que gobierna Myanmar está ocupada en un proyecto faraónico: construir una nueva capital, Naypyidaw, en medio de la selva, dejando desatendidas áreas enteras de ciudades sin agua. Trasladar la capital se considera que costará unos 300.000 millones de dólares. Mantener un ejército de más de 375.000 hombres tampoco es barato. El precio del aceite de palma, un bien básico, ha subido un 85% en poco tiempo. Myanmar era la mayor exportadora de arroz del mundo y ahora muchos de sus ciudadanos sufren malnutrición. Frank Smithuis, que colabora con Médicos Sin Fronteras dice que la gente pasó de tres comidas al día a dos; luego a una. Una comida no es bastante". Tuberculosis, malaria y sida afligen un país donde sólo quien paga puede acceder a la medicina. Hay muchas zonas sin escuelas. La Junta Militar trasladó la universidad a las afueras de Yangon para controlar mejor las manifestaciones de estudiantes. Un sueldo mensual mediano es de 20.000 ó 30.000 kyat. Pero un billete de autobús para ir al trabajo ya cuesta 200 kyat. Son estas causas económicas las que han agitado las protestas. También en 1988 fue la crisis económica lo que causó alborotos reprimidos con más de 3.000 muertos. Después hubo elecciones. Aung San Suu Kyi ganó las elecciones de 1989-90 con el 82% de los votos, y el partido socialista del gobierno obtuvo el 10%. Fue arrestada y mantenida bajo vigilancia, incluso después de recibir el premio Nobel de la Paz.
¿Por qué los monjes? ¿Por qué han sido los monjes budistas los que han iniciado y vertebrado la protesta? Básicamente, porque en el país no hay nada más. No hay tejido social. El sacerdote del Pontificio Instituto de Misiones Extranjeras (PIME) y experto en la región, el padre Piero Gheddo explicaba que el hecho de que sean los monjes los que se han echado a las calles responde a la inexistencia de una fuerza popular. "Han abolido partidos, sindicatos, prensa libre, asociaciones, también las que no tenían nada de político -explica el padre Gheddo-. Quien gobierna, en Birmania, quien domina la situación es sólo, sólo, sólo el gobierno y quien está con el gobierno".

Fuente

ForumLibertas

Estamos ante un pueblo que lucha por su libertad. Pero el apoyo que le prestan Estados Unidos y los medios de prensa casados con los neocons no busca conducirlo a ella. Washington quiere cortar el oleoducto chino que pasa por estas tierras, desmantelar las bases militares de vigilancia electrónica de la costa birmana en el golfo de Bengala y todo esto para apoderarse del control de las vías marítimas, y abrir el mercado a sus propias multinacionales. El derrocamiento de los generales no bastará para que los birmanos sean libres.